Dieta renal en Mazatlán: Cómo disfrutar nuestra gastronomía sin castigar tus riñones
Por Dr. Cristhian Muñoz
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Como sinaloenses, nuestra identidad está ligada a la mesa. El sonido de un coco recién abierto, el aroma de un pescado zarandeado o el picor de un buen aguachile son parte de nuestro ADN. Sin embargo, cuando un paciente recibe un diagnóstico de enfermedad renal, su primera pregunta suele ser con tono de derrota: "¿Doctor, ya nunca más voy a poder comer lo que me gusta?".
Mi respuesta, tras dos décadas de ver pacientes retomar las riendas de su vida, es un rotundo: No es dejar de comer, es aprender a elegir.
El riñón es el gran químico del cuerpo. Se encarga de balancear tres elementos que en nuestra dieta local abundan: el sodio, el potasio y el fósforo. En Mazatlán, el reto es el sodio (la sal). Los mariscos, por su naturaleza, y las salsas negras que tanto nos gustan, son bombas de sodio que elevan la presión arterial y obligan al riñón a trabajar "a marchas forzadas".
¿Cómo disfrutar de un marisco responsable? El secreto está en la preparación. Un pescado a la plancha o un ceviche preparado al momento con mucho limón, cebolla y chile, pero sin sales añadidas ni jugos procesados, es una opción maravillosa. El limón es nuestro gran aliado: su acidez natural engaña al paladar y reduce la necesidad de sal.
Otro punto crítico en nuestra región es el potasio. Sinaloa es tierra de frutos dulces y jugosos. Si bien son saludables, para un paciente con función renal disminuida, el exceso de plátano, tomate o aguacate puede ser peligroso para el corazón. Aquí la clave es la porción y la frecuencia.
Cuidar tus riñones no debe ser un castigo. Al contrario, es un acto de amor por nuestra cultura que nos permite seguir presentes en las reuniones familiares por muchos años más. En mi clínica, no entregamos "dietas de fotocopia", diseñamos planes de vida que respetan tus raíces pero protegen tu futuro.
Mi respuesta, tras dos décadas de ver pacientes retomar las riendas de su vida, es un rotundo: No es dejar de comer, es aprender a elegir.
El riñón es el gran químico del cuerpo. Se encarga de balancear tres elementos que en nuestra dieta local abundan: el sodio, el potasio y el fósforo. En Mazatlán, el reto es el sodio (la sal). Los mariscos, por su naturaleza, y las salsas negras que tanto nos gustan, son bombas de sodio que elevan la presión arterial y obligan al riñón a trabajar "a marchas forzadas".
¿Cómo disfrutar de un marisco responsable? El secreto está en la preparación. Un pescado a la plancha o un ceviche preparado al momento con mucho limón, cebolla y chile, pero sin sales añadidas ni jugos procesados, es una opción maravillosa. El limón es nuestro gran aliado: su acidez natural engaña al paladar y reduce la necesidad de sal.
Otro punto crítico en nuestra región es el potasio. Sinaloa es tierra de frutos dulces y jugosos. Si bien son saludables, para un paciente con función renal disminuida, el exceso de plátano, tomate o aguacate puede ser peligroso para el corazón. Aquí la clave es la porción y la frecuencia.
Cuidar tus riñones no debe ser un castigo. Al contrario, es un acto de amor por nuestra cultura que nos permite seguir presentes en las reuniones familiares por muchos años más. En mi clínica, no entregamos "dietas de fotocopia", diseñamos planes de vida que respetan tus raíces pero protegen tu futuro.